Buena parte de los éxitos que uno cosecha requieren de aprovechar los momentos. De exprimir al máximo esas situaciones que, de tanto en tanto, pone enfrente la vida. Y en política, aún más todavía. La clave del crecimiento puede estar en ese paso de más o en ese movimiento que uno nunca se atrevió a dar. Por eso los dirigentes que pretenden llegar de pie a 2015 ya miden cada gesto, palabra y huella que dejan.

Momentos de éxtasis, de ostracismo y de inseguridad fluyen en una carrera política. Esta semana, por caso, la senadora Beatriz Rojkés vivió "su" momento. Aunque por unas horas, estampó la firma en el libro de los jefes de Estado. Y eso que la primera dama tucumana venía por el piso tras el papelón institucional y político que había protagonizado. No era para menos: había cuestionado a la familia "borracha" por el crimen de una niña de apenas seis años. Y el sueño de "Presidenta por unas horas" le permitió ponerse de pie en la carrera por la sucesión. Aunque con magullones, Rojkés volvió a colocarse en la primera grilla de los sondeos en el oficialismo.

Es que, en realidad, hasta aquí nadie sabe qué ideas deambulan por la cabeza del gobernador, José Alperovich. El mandatario cree que este no es momento para definir nada: lo de la reelección para los legisladores no fue más que un sana sana para mimar a la tropa. ¿O alguien ciertamente cree que si hay -o no- reforma constitucional será decidido por los legisladores y no por la persona que hace cuando quiere, porque quiere y como quiere las cosas en Tucumán?

A los momentos en política hay que saber buscarlos y, fundamentalmente, esperarlos. Algo que, hasta aquí, no viene haciendo la senadora. Si como todos suponen, ella es el plan A para la sucesión, ¿para qué involucrarse tres años antes entre los pisotones tucumanos? Algunos en Casa de Gobierno creen que le daría más rédito salir en fotos en actos protocolares del kirchnerismo que discutiendo con cuanto dirigente -gremial, político o social- se cruce por su camino.

Juan Manzur, el vicegobernador licenciado, es consciente de que su momento pudo haber pasado. Y que, si vuelve a llegar otra ocasión, ni siquiera dependerá de él. Porque la causa en la Justicia Federal por presunto enriquecimiento ilícito le marcará la agenda por un tiempo largo, según se presume.

El intendente Domingo Amaya es el único que espera agazapado "el" momento. El jefe municipal no está dispuesto a embarrarse desde tanto tiempo antes. Para esas tareas lo tiene al concejal Germán Alfaro. Es el edil el que se encarga de recordarles cada vez que puede a los alperovichistas que tienen un rival en la Municipalidad. ¿O acaso alguien cree casual que el amayista haya presentado un proyecto para crear un cuerpo de Policía Municipal? El punto más débil del Gobierno es la seguridad. Y ahí fue la patadita de Alfaro.

Amaya no se enreda. Opta por los viajes al exterior y a Buenos Aires y por los cafés kirchneristas, mientras sueña con ser el elegido. El lunes, como vicepresidente del PJ, no estuvo en la sesión del consejo partidario en la que se reivindicó a la senadora. Si no hay re-re-reelección, ¿aceptará -en el mejor de los escenarios- ser segundo de Rojkés? Por las dudas, desde la vereda de enfrente le devuelven gentilezas. Alicia Kirchner está en Tucumán porque vino a inaugurar obras en ¡ocho! (sí, ocho) Centros de Integración Comunitaria. Sin embargo, ninguno de la capital. Hay uno en el Barrio Oeste II que el amayismo tenía listo para habilitar y no fue incluido en el listado. Al no estar Alperovich, la anfitriona es la senadora Rojkés.

Quizá sea una casualidad. Quizá sea un gesto. De cualquier forma, son "los" momentos que cada uno elige para ganar metros hacia 2015.